Entre los pueblos que se citan con iglesia propia en 1.254 en la tierra de Béjar se encuentra Medinilla. Un grupo de emigrantes de la región burgalesa se asentaron en el lugar, bautizándolo con su propio apellido. Vinieron con la oleada de repobladores que al avanzar la Reconquista tomaron posesión de nuevas tierras. Posiblemente se aprovechaban asentamientos anteriores ibéricos. Medinilla se halla al norte del Berrueco de Gilbuena y un poco al sur del Berrueco de El Tejado. De éste la separaba el poblado de Peñaflor condenado a una lenta agonía por los invasores franceses. Aún quedan las ruinas de la Iglesia y de algunas de sus rústicas y pétreas viviendas. En los últimos años se puede observar que por desgracia sólo quedan las ruinas de la citada iglesia, y abandonado de la mano de dios, porque nadie se ha preocupado de conservar ese pequeño sitio plagado de historia.
Los que llegaron a Medinilla dependían de la riqueza de Gilbuena. En el censo de 1.528 vecinos pecheros sumaban 92, los de Neila 47 y los de Gilbuena 203.
Se incluyó en el Cuarto de la Sierra dentro del Ducado de Béjar y se mantuvo al margen de las disputas por el agua del Valle entre Gilbuena y Becedas, al dedicarse sus tierras principales al pastoreo.
El poblado quedaba separado de las cañadas que pasaban al otro lado del monte por el sur, buscando la unión con el Camino Real que venía del norte por Béjar. Tampoco le tocaba la que saliendo del Barco y pasando por El Losar, El Berrueco y Salvatierra llegaba a Salamanca. Como en el centro de un triángulo, allí se escondía Medinilla. Podría entenderse esta situación como negativa para la importancia del poblado. No tanto. Precisamente de esos caminos y calzadas se derivaban otros que se dirigían hacia Medinilla. Desde el camino de Becedas y por el lugar llamado de El Berrocal salía un ramal quizás el más importante. De San Bartolomé, otro pasando por Neila y del Berrueco un tercero que cruzaba Peñaflor. Todos se juntaban en el mismo punto que a todas luces tendría una relevante importancia. No se trataba tanto de Medinilla como del Santuario hoy conocido por "Fuente Santa".
Los autores que hablan de este sitio están de acuerdo en que nos hallamos ante el Santuario mariano más importante de la región, incluido el Castañar de Béjar, refiriéndonos a los tiempos medievales y los primeros modernos. Afirman también que allí se dio culto a las Ninfas Sagradas en tiempo de Roma. Luego la Iglesia los cristianizaría dedicándolo a la Virgen Santísima.
No se conoce el papel de los musulmanes en aquel lugar, pero su presencia es indiscutible porque aún se conservan inscripciones árabes. Posiblemente la cristianización llegara o al menos se renovará con la Reconquista.
No existe la menor duda de que nos hallamos ante una Imagen Sagrada cuya antigüedad nos lleva al siglo XIII por lo menos. Se cree incluso que la Imagen actual es posterior al culto cristianizado y una consecuencia de él precisamente.
El complejo ruinoso que ahora se puede contemplar es lo suficientemente grandioso para poder evocar cuanto allí ha existido. Aunque las construcciones en épocas muy diversas nos ponen muy difícil la determinación de las distintas épocas, encontramos obras que van desde las épocas medievales del románico hasta el siglo XVIII. Excluyendo los cobertizos actuales.
Al hablar de obras nos referimos no sólo a la Iglesia sino también a los edificios complementarios. En unas cochineras se esconden arcos de medio punto y que pueden significar restos de sótanos, cámaras, almacenes o bodegas. Dan a un gran cercado de forma más o menos circular, de paredes con altura superior a los dos metros.
Se permite pensar en un lugar de concentraciones y festejos entre los que estaban los toros de que hablan los libros de cuentas de la Fuente Santa. Preguntando a los ancianos de Medinilla se puede confirmar que era una plaza de toros no del todo redonda. Aunque en algún momento lo sembraron de cerezos no significa que el inmenso patio, anteriormente no estuviera dedicado a esos fines festivos. Cerezos de la misma época los encontramos fuera del cercado y pertenecen a tiempos modernos relativamente.
En los lados se alzan rústicas construcciones de piedra de varios pisos cuya existencia no se justifica como viviendas para el ermitaño.
En esa misma plaza se contempla una especie de cueva subterránea que lleva a través de un pasadizo, al lugar del manantial santo. Hoy la entrada tiene bastantes dificultades, pero luego avanzas cómodamente hasta una oquedad que coincide con el lugar sobre el cual se encuentra el trono de la Virgen. Sin lugar a dudas, bajo aquellas peñas frescas brota el agua, que encañada defectuosamente bajo el pavimento de la Iglesia, sale al exterior por caños, dos como signo de su abundancia, y que dan nombre al Santuario y a la Imagen.
Se nota un perfecto dualismo entre el agua y la Imagen que nos lleva a la creencia que hemos afirmado antes: la preexistencia anterior de un lugar mitológico luego cristianizado y tal vez favorecido con una aparición milagrosa según la tradición pueblerina.
La Iglesia realmente es monumental por su concepción y por su eficacia. Todos nos hablan de que allí hubo un convento o abadía de frailes. Así se explicaría todo con suma facilidad.
El Altar Mayor se alza en lo alto de una serie de gradas construidas a base del mejor granito de las cercanías. Recuerda a monasterios como el del Yuste o Guadalupe. Detrás del altar, el retablo pensado para servir de hornacina de la Virgen y muy desfigurado por 2 restauraciones modernas. Han sabido, con todo, respetar las pinturas antiguas de sumo interés para la historia del Santuario. Se trata de un pequeño óleo de friso donde se ve un toro alanceado por un caballero. Frente al animal en actitud humillada, la Virgen de la Fuente Santa apareciéndose sobre un árbol. Este mismo motivo se repite en el pie de una fotografía antiquísima que sirve ahora como centro de culto, pues la Imagen se encuentra provisionalmente en la parroquia por motivos de seguridad. La Virgen solo se sube a la Ermita los 2 días de fiesta del pueblo, seguida por cánticos.
Recientemente se ha realizado una réplica exacta de la Virgen, por mandato del que fue obispo de Ávila, Don Antonio Cañizares (actualmente es arzobispo de Toledo y nombrado recientemente cardenal por Benedicto XVI), ya que al no estar la Virgen todo el año en la Ermita sino en el pueblo, la Ermita debería tener una Virgen.
Nos hallamos ante un motivo fundamental en la historia del templo, un hecho milagroso que pudo motivar un especial agradecimiento traducido en algún tipo de obras, forma habitual en la antigüedad para pagar los favores recibidos, entre los que podía hallarse el altar, sin lugar a dudas muy posterior a la venerada talla.
El camarín nos parece majestuoso, de grandes dimensiones, con yeserías en el techo similares a las de otros santuarios como los de la Virgen de la Salud en Plasencia y los más cercanos de Béjar. Se puede adscribir al siglo XVIII. Tiene escalera y puerta de entrada y salida. La colocación de la Virgen con respecto al visitante es tan cómoda que se besa y toca su manto con suma facilidad. Un camarín, pues pensado para santuarios que recibían grandes concentraciones de público al menos en épocas determinadas.
El plano de la iglesia evoca un destino muy singular: amplia nave con arcos de medio punto pero en dirección transversal, paralelos a la nave central. Dos de grandes dimensiones y otros dos más pequeños. Una fórmula elegida por las sucesivas ampliaciones que ha sufrido.
A cada lado nos encontramos altares barrocos en muy mal estado y dedicados a San Pablo y a Santa Lucía.
Desde la majestuosa y sobria portada de piedra, un amplio pasillo o avenida de castaños comunica con el camino principal, hoy carretera, que pasaba rozando las tapias del recinto.
Todo el conjunto se completa con una hermosa huerta cercada de altas paredes. Otra señal de su primitivo origen abacial o conventual, antes de que pasase a manos de un ermitaño.
Ya en la calle el pueblo y el Santuario se unían por un Vía crucis de piedra similar a los de Becedas, Neila, Gilbuena y otros muchos pueblos de los alrededores.
Como señal indicativa de la devoción que sentía la Comarca a la Virgen de la Fuente Santa vamos a recordar dos exvotos pintados que aun se conservan. Dicen los viejos del lugar que existían muchos más y que incluso, se hallan depositados en algunas casas particulares.
A continuación copio los textos suficientemente expresivos, escritos en castellano moderno.
"Tomás de Iglesia Essno. Que fue la villa de Béjar, estando en la ciudad de Ávila, día 5 de febrero, año de 1.700, se le disparó una pistola, pasóle el brazo una bala; invocando a Ntra. Sra. de la Fuente Santa sanó milagrosamente".
"Co. Fran. Schez., Isabel Ma. Su mujer, vecinos de la Garota. Estando recogidos a deshoras de la noche le entraron a robar 3 ladrones, hirieron de muerte al Francisco. Encomendaron a esta Santa Imagen su vida y curadas milagrosamente sus heridas. Sucedió el día del Señor del año de 1.731".
Las fiestas se celebran el 8 de Septiembre. De su importancia nos habla el hecho de que tenían fecha fija, mientras las de Béjar se corrían al domingo cercano para no coincidir con las más importantes de Medinilla.
En la celebración festiva en honor de Ntra. Sra. De la Fuente Santa ocupaba lugar destacado el Ramo.
Se conservan veintiséis estrofas, cantadas todas con la misma música, sencilla, cómoda y monótona pues se debía acompañar con instrumentos pastoriles, principalmente los almireces1 y el rabel. En la actualidad estos cánticos se acompañan con instrumentos como la dulzaina y el tambor. Voy a transcribir alguna de las veintiséis estrofas del Ramo a la Virgen de Fuente Santa:
14.- El pueblo de Medinilla, te eligió por abogada; y te honra con el nombre de Virgen de Fuente Santa.
18.- En un zarzal apareciste, Virgen de la Fuente Santa; para el bien de Medinilla, y consuelo de nuestras almas.
Se aprecia su sobria escenificación acomodada a la planificación del Santuario:
Las mozas, en traje de fiesta serrana con sus refajos agitando el Ramo entraban por el pasillo de castaños. En la puerta principal se paraban para cantar las coplas de entrada. Tomaban agua bendita y en la iglesia saludaban a Santa Lucía y San Pablo que presidían desde los altares laterales. Avanzaban después hasta el altar, donde pedían permiso y auxilio a la Virgen. Siempre les escuchaba el pueblo devotamente congregado y por supuesto, muy numeroso. Se arrodillaban todos y suplicaban a la Virgen porque el Ramo era la oración por excelencia de un pueblo que rezaba a través de sus mejores mozas y ofrecía los mejores obsequios de la madre tierra. Se recordaba luego el largo historial milagroso de la Imagen Bendita, para terminar pidiendo por Medinilla, las mozas y los asistentes. Existía despedida y no existía mayordomo, circunstancia que se debe destacar porque los mayordomos surgieron a costa de perder protagonismo la masa creyente, el pueblo como hoy gusta decir.
En el centro de los recuerdos se evocaba la tradicional aparición de la Virgen en el zarzal que daba sombra a la fuente llamada después Santa.
Se terminaba con devota despedida para continuar la Misa.
El Ramo significaba las ofrendas para adornado con ellas, luego se vendían en pública subasta. El Ramo esta adornado con pañuelos, rosquillas y demás objetos. A lo largo del día se continuaban los festejos, destacando los populares toros y vacadas al modo de cada época.
El regreso resultaba cómodo porque el lugar era una cita de caminos hacia Medinilla, Gilbuena, Becedas, Neila, San Bartolomé y otros muchos no tan cercanos. Por eso y a juzgar por los testimonios de otros santuarios menos importantes, por los exvotos de los peregrinos y por la disposición del Santuario, se tiene la impresión de que muchos romeros pernoctaban varias noches en las cercanías.
No olvidemos la tradición vetona de la región. Los carros de vacas constituían el medio ordinario de comunicaciones y transporte y esto en épocas muy recientes. Hasta la novia casadera, según esta tradición, se trasladaban al templo en un carro tirado por una soberbia yunta de vacas negras famosas en todas las épocas. No hay vacas de tan excepcionales características y magnitud como las de Barco, único animal que sirve para carne, vientre y trabajo.
Resulta cuando menos hermoso pensar que el Santuario de Medinilla pudo ser una cita tan interesante como las romerías andaluzas. A lo largo del año seguía recibiendo piadoso culto de los caminantes y devotos que pasaban por sus cercanías. Y si existieron frailes se puede hablar incluso de hospedería y hasta de comerciantes que llegaban para comprar los productos allí concentrados. Una cosa resulta muy clara: las posesiones de la Virgen no están pensadas para ser atendidas por un ermitaño. No hace falta más que examinarlas como se encuentran en la actualidad.
Medinilla era algo más que su Virgen. Aunque en 1.476 eclesialmente dependía como anejo de Gilbuena, sin embargo, desde mucho antes poseía iglesia propia dedicada a San Julián.
San Julián resulta un santo fascinante para la imaginación popular y gozó de gran predicamento en la región. En el Ramo de Santiago de Aravalle se le presenta como uno de los Santos que se hicieron presentes para ayudar a los cristianos de la región en la famosa batalla de la Vega del Escobar, librada al otro lado del Calvitero.
No debe extrañar que a un pueblo familiarizado con las proezas de los reconquistadores, establecidos en tierras nuevas, envueltos por mitos y creencias de un pasado ancestral, le fascinara este tipo de santos.
La historia de San Julián parece calcada de una tragedia griega. Si cambiáramos a San Julián por Edipo, la narración tendría el mismo sentido. La fatalidad, no la Providencia, rige el destino de Julián hasta que mata a sus padres. A partir de ese momento la atmósfera se vuelve cristiana. Julián y su esposa Laurenciana, estimulados por una penitencia papal, toman la decisión heroica de entregarse al servicio de toda clase de apestados después de fundar un hospital.
No se conoce la razón definitiva para convertir a San Julián del Templo Parroquial. Pensamos que se debe a la ascendencia pastoril de sus primeros habitantes. Posiblemente se trataba de burgaleses, pues encontramos los mismos topónimos en un alfoz2 de Burgos y de Lara.
La Medinilla bejarana en sus comienzos formó parte de Cuarto de la Sierra. En el siglo XV figuraba como anejo de Gilbuena. En el censo de 1.528 tenía 92 vecinos pecheros y Gilbuena 203. En 1.820 eran 105 los vecinos mientras Gilbuena todavía con Junciana como anejo sumaban solamente 129. También conocemos el censo de 1.848 con un total de 131 vecinos, 434 almas y 170 casas.
El centro del pueblo es la iglesia. Su fábrica, siempre sencilla ha sufrido muy diversas transformaciones. Lo medieval queda en la portada y poco mas. Hasta la torre pobre y baja, fue elevada con un campanil remontado sobre la primitiva obra. La iglesia consta de tres tramos y una sola nave. Existe una entrada lateral, pero nunca la he visto abierta. El artesanado sólo se encuentra en el ábside, el resto fue quitado. La nave central acaba en un ábside en forma poligonal. Hay una Virgen románica del siglo XIII-XIV. Antes se encontraba en la Ermita. Adosada a la iglesia existe una capilla nueva (que se utiliza en invierno), que contiene en su interior tres tablas recuperadas no hace mucho del siglo XVI, que representan una Virgen, la Santa Cena y la Oración del Huerto.
En el batisterio hay una bóveda de cantería de gran valor. Se guardan contra los robos una talla de la Virgen de la Fuente Santa del cercano Santuario de igual nombre. Es una talla algo retardaria que debe fecharse en el siglo XIV y que hoy se muestra sobre un capitel de acantos invertidos y con un perfecto acabado.
El pueblo típicamente serrano y pastoril presenta la anarquía de sus construcciones de piedra. Las calles sin planificación previa tienden hoy a situarse a los lados de la carretera comarcal que cruza el poblado y que necesariamente, reclama una desviación que evite los peligros y estrecheces de lo que fuera núcleo inicial del vecindario.
Las casas hasta ahora se construían utilizando las abundantes canteras de granito que rodean el pueblo por todas partes. Quedan pocos ejemplares de las de típicas solanas asentadas sobre ménsulas de piedra, cubiertas con tejadillo donde se tomaba el sol, se almacenaba la leña y se ponían a secar los productos seleccionados en los pocos huertos del contorno.
La tradición siempre ha inclinado a sus habitantes a la ganadería, su primitiva dedicación. El fresno, la encina y los álamos negros recortan las praderas delimitando las pequeñas propiedades pertenecientes a cada uno.
Como todos los pueblos abulenses de la región es pequeño y condenado a la permanente sangría de la emigración.
Sus hijos vienen los veranos para que la juventud no olvide sus raíces y traigan un poco de aire fresco a los mayores, núcleo principal de los periodos invernales.
La fiesta de la Virgen sigue teniendo sentido de convocatoria para los hijos del pueblo y de las cercanías.
Comentarios recientes
hace 1 hora 8 mins
hace 1 hora 35 mins
hace 3 semanas 41 mins
hace 4 semanas 20 horas
hace 4 semanas 1 día
hace 4 semanas 2 días
hace 6 semanas 1 día
hace 8 semanas 6 días
hace 10 semanas 21 horas
hace 10 semanas 6 días